Finalizada la Clásica de San Sebastián, la principal
conclusión que extraemos es la que encabeza esta entrada en su titular: este
país no tiene capacidad o ganas de albergar carreras de primer nivel.
Si Donosti –ciudad preciosa para visitar y vivir- pretendía
ver cómo esta carrera servía como inversión de cara a vender sus encantos para el
año que viene, cuando disfrutará de ser la Ciudad Europea de la Cultura 2016,
el tiro ha salido por la culata: desde el segundo paso por Jaizkibel y hasta
pasado Bordako Tontorra no hemos tenido más imágenes que las cámaras fijas. Es
decir, no hemos visto nada.
Lo que debía ser una crónica de la preciosa carrera
donostiarra, pasa a ser una queja al viento; porque sin imágenes, poco podemos
debatir de lo visto en carrera. Más allá de recopilar tuits, a la usanza de los
teletipos en épocas pasadas del periodismo y bastante más escasas en cuanto a
medios.
Lo que se pudo ver fue una segunda subida a Jaizkibel que
encabezó Boaro, venido de la fuga del día; y por detrás como se conformaban
grupos en los que destacaban Barguil o Landa. Por detrás, Movistar aplicaba al
dedillo la estrategia del año pasado: controlar y controlar hasta soltar a
Valverde como una fiera en el murito final.
Y a confiar en las piernas del murciano.
Desde ahí, por problemas con el avión y la señal que ETB
enviaba al resto de cadenas, sólo se vio en bucle el paseo marítimo, corredores
cambiando la bicicleta, Valverde riendo y comiendo un bocata, y las cámaras
fijas. Fallos técnicos que pueden ocurrir. Lo que no puede ocurrir –o no debería
al menos en un sitio serio- es que no haya un plan B.
Cuando volvió la luz, vimos desde lejos a alguien escapado,
que resultó ser Adam Yates; y un grupo a una decena de segundos en los que
destacaban Urán, Kreuziger, Purito, Mollema o Valverde. No parecía haber
entendimiento, y el británico iba poco a poco aumentando la ventaja mientras
veíamos que estaba más pendiente de la radio, del pinganillo y de mirar hacia
detrás. Nos parecía raro.
Más raro nos pareció todo cuando Adam enfiló la recta de
meta como el que sale de su casa un domingo por la mañana, insistiendo en su
pinganillo, y sin forzar en ningún momento. Ya superó todas las barreras de la
rareza cuando entró en meta sin celebrar, y se mostró sorprendido cuando le
indicaron que había ganado él y no otro. ¿Qué nos habíamos perdido? ¿Qué estaba
pasando?
La solución a la X de la ecuación nos la dio el propio
afectado: Greg Van Avermaet. El bravo corredor belga tuiteaba lo siguiente,
minutos después de terminar la carrera:
![]() |
| El tuit, escrito pocos minutos después de llegar a meta en Donosti. |
Pues eso. Una moto se le llevó por delante y cayeron por un
terraplén cuando iba enfilado a la victoria, con más de 10 segundos de ventaja
sobre el resto –según informaba la propia organización a través de su twitter
oficial-. Adam Yates, que debía saber que el belga iba por delante, no tenía
información de que había caído y no sabía que él era el nuevo cabeza de
carrera.
![]() |
| Foto sacada del twitter de sporza. |
Por detrás, en la irrelevante –hoy más que nunca- lucha por
el 2º puesto cuando alguien ha llegado en solitario Gilbert se impuso al grupo,
con Valverde completando el cajón.
Pero lo de hoy no debería quedar en saco roto. Cuando nos
estábamos recuperando de la ausencia de imágenes, nos hemos encontrado con el
pobre Van Avermaet tirado por una moto. Estas cosas, tienen que pagarse.
Si a esto añadimos el bochorno ya vivido no muy lejos de
allí en primavera, con los famosos bolardos de la Itzulia, o la lamentable
realización e información ofrecida en carrera por la Volta; cuando decimos en
el párrafo anterior que tienen que pagarse, igual nos estamos quedando cortos.
Sobre todo en los sucesos de hoy y la de Itzulia, que pueden –que pregunten a
Pardilla o Stetina- tener consecuencias fatales para los ciclistas.
| Ni al que asó la manteca. |
En los libros quedará que ganó Adam Yates, que la imagen con
la txapela en el podio la completaron Gilbert y Valverde –podio de muchísimos
quilates-; pero en la memoria quedará el bochorno vivido. Y en las manos de
alguien con capacidad de decidir, debería quedar que España no puede, no sabe o
no quiere albergar pruebas de este nivel.


No hay comentarios:
Publicar un comentario