sábado, 1 de agosto de 2015

España no merece pruebas World Tour



Finalizada la Clásica de San Sebastián, la principal conclusión que extraemos es la que encabeza esta entrada en su titular: este país no tiene capacidad o ganas de albergar carreras de primer nivel.

Si Donosti –ciudad preciosa para visitar y vivir- pretendía ver cómo esta carrera servía como inversión de cara a vender sus encantos para el año que viene, cuando disfrutará de ser la Ciudad Europea de la Cultura 2016, el tiro ha salido por la culata: desde el segundo paso por Jaizkibel y hasta pasado Bordako Tontorra no hemos tenido más imágenes que las cámaras fijas. Es decir, no hemos visto nada.

Lo que debía ser una crónica de la preciosa carrera donostiarra, pasa a ser una queja al viento; porque sin imágenes, poco podemos debatir de lo visto en carrera. Más allá de recopilar tuits, a la usanza de los teletipos en épocas pasadas del periodismo y bastante más escasas en cuanto a medios.

Lo que se pudo ver fue una segunda subida a Jaizkibel que encabezó Boaro, venido de la fuga del día; y por detrás como se conformaban grupos en los que destacaban Barguil o Landa. Por detrás, Movistar aplicaba al dedillo la estrategia del año pasado: controlar y controlar hasta soltar a Valverde como una fiera en el murito final.  Y a confiar en las piernas del murciano.

Desde ahí, por problemas con el avión y la señal que ETB enviaba al resto de cadenas, sólo se vio en bucle el paseo marítimo, corredores cambiando la bicicleta, Valverde riendo y comiendo un bocata, y las cámaras fijas. Fallos técnicos que pueden ocurrir. Lo que no puede ocurrir –o no debería al menos en un sitio serio- es que no haya un plan B.

Cuando volvió la luz, vimos desde lejos a alguien escapado, que resultó ser Adam Yates; y un grupo a una decena de segundos en los que destacaban Urán, Kreuziger, Purito, Mollema o Valverde. No parecía haber entendimiento, y el británico iba poco a poco aumentando la ventaja mientras veíamos que estaba más pendiente de la radio, del pinganillo y de mirar hacia detrás. Nos parecía raro.

Más raro nos pareció todo cuando Adam enfiló la recta de meta como el que sale de su casa un domingo por la mañana, insistiendo en su pinganillo, y sin forzar en ningún momento. Ya superó todas las barreras de la rareza cuando entró en meta sin celebrar, y se mostró sorprendido cuando le indicaron que había ganado él y no otro. ¿Qué nos habíamos perdido? ¿Qué estaba pasando?

La solución a la X de la ecuación nos la dio el propio afectado: Greg Van Avermaet. El bravo corredor belga tuiteaba lo siguiente, minutos después de terminar la carrera:

El tuit, escrito pocos minutos después de llegar a meta en Donosti.

Pues eso. Una moto se le llevó por delante y cayeron por un terraplén cuando iba enfilado a la victoria, con más de 10 segundos de ventaja sobre el resto –según informaba la propia organización a través de su twitter oficial-. Adam Yates, que debía saber que el belga iba por delante, no tenía información de que había caído y no sabía que él era el nuevo cabeza de carrera.



Foto sacada del twitter de sporza.
Por detrás, en la irrelevante –hoy más que nunca- lucha por el 2º puesto cuando alguien ha llegado en solitario Gilbert se impuso al grupo, con Valverde completando el cajón.
Pero lo de hoy no debería quedar en saco roto. Cuando nos estábamos recuperando de la ausencia de imágenes, nos hemos encontrado con el pobre Van Avermaet tirado por una moto. Estas cosas, tienen que pagarse.

Si a esto añadimos el bochorno ya vivido no muy lejos de allí en primavera, con los famosos bolardos de la Itzulia, o la lamentable realización e información ofrecida en carrera por la Volta; cuando decimos en el párrafo anterior que tienen que pagarse, igual nos estamos quedando cortos. Sobre todo en los sucesos de hoy y la de Itzulia, que pueden –que pregunten a Pardilla o Stetina- tener consecuencias fatales para los ciclistas.

Ni al que asó la manteca.


En los libros quedará que ganó Adam Yates, que la imagen con la txapela en el podio la completaron Gilbert y Valverde –podio de muchísimos quilates-; pero en la memoria quedará el bochorno vivido. Y en las manos de alguien con capacidad de decidir, debería quedar que España no puede, no sabe o no quiere albergar pruebas de este nivel.

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